Islas Malvinas: un lugar estratégico

Sobre el supuesto acuerdo entre EE.UU. e Inglaterra

La relectura de textos históricos contribuye a sumar antecedentes que ayudan a mejorar la defensa de la soberanía argentina sobre las islas.


Por https://www.pagina12.com.ar/ – 19 de abril de 2026

El valor geopolítico de las Islas Malvinas motivó el interés de distintas potencias.

El aporte de textos históricos sobre las Islas Malvinas contribuye a sumar antecedentes que ayudan a mejorar la defensa de nuestra soberanía sobre las islas.

A continuación reproduzco dos de ellos. El primero pertenece a un diplomático ruso, Alexander Semionovich Ionin, que estuvo por estas tierras y visitó las Malvinas a fines del siglo XIX, y traducido por el especialista norteamericano Russell H. Bartley en una conferencia a la que lo invité en Buenos Aires. Esto se reflejó en la publicación del texto Mi viaje por América del Sur, San Petersburgo, 1889, originalmente editado en ruso, del que tomamos un par de citas significativas:

“La presencia cada vez más acusada en Sudamérica de las principales potencias marítimas europeas dotará a este continente de un significado político totalmente nuevo, a la vez que la ruta por el estrecho de Magallanes puede convertirse en una ruta militar de suma importancia […] es posible que se produzca una guerra entre las potencias marítimas y que peligren sus ya muy considerables intereses comerciales en América […] las Falkland representan desde luego un envidiable punto de apoyo y la potencia que las posea podrá esperar todos esos conflictos con la mayor tranquilidad, segura de poder salvaguardar sus intereses comerciales en el hemisferio sur, aún en el caso de la guerra […]”

Ionin agrega luego su opinión sobre la posesión de las islas por parte de los ingleses y sus posibles consecuencias:

“Lo atractivo de este archipiélago para Inglaterra radica sobre todo en consideraciones políticas que en más de una ocasión le han llamado la atención a una que otra potencia marítima europea […] Por cierto , ofrecen las Falkland una cantidad de anclajes estupendos que podrían ser utilizados por una escuadra de observación naval, dominando así una ruta de comunicación muy importante del Atlántico al Pacífico […] Las Falkland son el único lugar en el Atlántico donde se puede pisar tierra firme, aunque hasta ahora no ha resultado tan firme la que pisa allí Inglaterra, pues solo mantiene a un gobernador y no tiene ni un solo cañón, ni considera necesario establecer comunicaciones con la metrópoli. Por ahora parece que esto le es suficiente. Sudamérica dividida cómo está en débiles organismos estatales aún no representa ninguna fuerza seria, independiente que se deba tomar en cuenta, aunque pueden cambiar las circunstancias y es probable que cambien. Sin embargo, estando segura de sus derechos jurídicos nadie puede ignorar las protestas del gobierno argentino y en cualquier momento éste tiene la posibilidad de enviar allí fácilmente cañones, soldados y naves. Por consiguiente, yo aconsejaría a las potencia marítimas que prestaran más atención a las protestas anuales del ministro de Relaciones Exteriores de Buenos Aires, pues no son éstas tan carentes de razón como a primera vista parecen”.

Estas líneas no solo resumen los intereses ingleses, sino también señalan otras cosas. Inglaterra, que consideraba estratégico este sitio, aparentemente no le daba tanta importancia, ya que después de más de medio siglo de ocupación no tenía ni un cañón en las islas ni se comunicaba con la metrópoli. ¿Dónde estaban los ascendientes de aquellos que hoy proclaman la autodeterminación de sus habitantes? ¿Por qué las islas se hallaban, en 1889 según esa narración, casi en el mismo estado en el que las había dejado el gobernador argentino Luis Vernet en 1833?

Muchas preguntas sin respuesta. Pero, además, Ionin acepta los derechos jurídicos argentinos, y casi como un visionario, anticipa una posible guerra entre los dos países involucrados en la disputa, así como la relevancia que podría tener en este tema la formación de un bloque sudamericano.

En otro libro, publicado originalmente en inglés y traducido recientemente al español, que data de 1944, El enigma argentino, Félix J. Weil, un argentino de origen alemán, millonario y de izquierda, que con su dinero había ayudado a crear la famosa Escuela de Francfort y en ese entonces residía en los Estados Unidos, da su interpretación de los orígenes históricos de la ocupación de las islas, que se remonta no a los británicos sino a los norteamericanos, quienes abrieron la puerta para una ocupación posterior.

Se sabe bien que en diciembre de 1831, el capitán Silas Duncan al mando de la corbeta Lexington de la armada de los Estados Unidos entró en las islas, las ocupó, arrestó a sus autoridades y voló el depósito de pólvora que encontró allí. Pero se conoce menos el hecho de que esta acción fue reprobada como contraria a ley por una Corte Federal de Massachusetts en 1887.

Félix Weil, además de revelar este histórico fallo, donde se reafirma indirectamente la soberanía argentina sobre las islas, no concuerda con la tesis de Paul Groussac, que en un libro de 1936 sobre el tema, de mucha repercusión en su época, sostiene que éste incidente nada tiene que ver con la posterior acción del buque Clio, que en 1833 tomó posesión de ellas en nombre de su majestad británica. Weil dice que aunque no existía evidencia documental de un arreglo en tal sentido, los argentinos estaban convencidos de que esto había ocurrido.

Resulta extraño, en todo caso, que insólitamente Washington dejase de lado la Doctrina Monroe, que tenía por lema principal “América para los americanos”, expuesta en 1823 por el presidente James Monroe para rechazar cualquier injerencia europea en el nuevo continente.

Por eso, Weil daba a entender que se debía haber llegado a un acuerdo entre los dos países anglosajones, porque el gobierno de Washington reconoció de inmediato la soberanía británica, pese al fallo de su propia justicia con respecto a la primera ocupación. Ese fallo significaba un cierto reconocimiento a la pertenencia del lugar por parte de la Argentina, que lo había heredado de la Corona española. Es decir que en el momento en que se produjo la ocupación británica, ésta se contraponía a una ley estadounidense. Sin embargo, desde ese entonces Estados Unidos se negó a aceptar los derechos argentinos mientras defendía la posición de Londres.

Esta actitud le permitió a Estados Unidos reclamar posteriormente, junto a Gran Bretaña, partes del escudo de tierras que nosotros denominamos la Antártida argentina.