La vida de los kelpers en la mirada de un argentino

Pablo Aparo viajó a Malvinas, vivió con los isleños, discutió con ellos y registró la experiencia en el documental Los vencedores, que brilló en el último Bafici.

https://www.clarin.com – 29/05/2026

Parte del jurado del Mayball, un baile que hacen los jóvenes isleños a punto de egresar. Foto: cortesía Pablo Aparo Imagen: 1/5

Cuando Pablo Aparo presentó su documental El espanto, sobre el pueblo bonaerense El Dorado, en un festival de Sheffield, muchos ingleses le comentaron que el lugar donde se desarrolla la historia les hacía acordar al norte de su país. Le dijeron que les encantaría ver algo igual, pero suyo. Ahí a Pablo se le despertó “algo” y pensó: “En las Malvinas hay un pueblo que no conozco, que nosotros lo consideramos argentino, pero no sabemos absolutamente nada de ellos. Quiero ir a ver quiénes son, qué les pasa, qué sienten, entender cómo nos refleja lo que les sucede. Hacer algo”. Fue entonces cuando empezó a investigar la realidad de las islas.

El dato que más le llamó la atención es el de que en Malvinas viven 3.500 habitantes civiles, no muchos más que los soldados que hay de manera permanente en su base aérea militar. “Cuando yo era chico, los kelpers eran algo así como seres mitológicos que habitaban un lugar raro que no conocíamos. Eso siempre me llamó la atención. La guerra, obviamente, no la viví, pero siempre la mamé de una forma u otra”, cuenta Aparo, de 40 años, en conversación con Viva.

“La premisa que surgió al principio de la investigación era cómo esta gente puede convivir tan tranquilamente con esa base aérea militar. ¿Es algo que los hace sentir más seguros o los hace perseguirse?”

De esa curiosidad nació Los vencedores, un documental que ganó el premio a mejor director y el Gran Premio Ciudad de Buenos Aires al mejor largometraje en el último BAFICI.

Allí, Aparo describe la vida de los kelpers en las islas y da lugar a que expongan sus pareceres y vivencias relacionados con la Guerra de Malvinas. Desde el corazón de la comunidad, entrevista a diferentes personajes de todas las edades, muestra las ceremonias oficiales, los ritos locales y los resabios de la guerra, al mismo tiempo que el día a día de su convivencia en el campo con Matt, un “temible” terrateniente anti-Argentina.

Pablo Aparo, el cineasta argentino premiado en el último BAFICI. Fotos: cortesía Pablo Aparo Imagen: 2/5

El trabajo es producto de sus tres viajes a las islas: en 2020, cuando permaneció diez días, y dos meses y medio en 2023 y otros dos meses y medio en 2024.

Pablo pidió a la Administración de Malvinas todos los permisos necesarios para filmar allí. Dijo que haría trabajo periodístico. En general, no tuvo problemas para conseguirlos; muchos “referentes” kelpers lo ayudaron. Sin embargo, cuando estuvo en la cancha, solo con su cámara, se tuvo que regir bajo las leyes de la calle. Estaba a merced del ánimo de los civiles. Todos sabían que había un argentino merodeando, entonces el ambiente muchas veces se tornó hostil: le sugerían constantemente que no grabara o no lo dejaban ingresar a ciertos lugares.

Feroz es su ida y vuelta con Matt, el lugareño que se roba la atención en la película. Antes de conocerlo, Pablo les preguntó a los kelpers referencias suyas. Sabía que era un outsider “anti-Argentina”, que solía expresar su odio por el país sudamericano en distintas publicaciones de Facebook. Pero a la vez era el único que respondió a su solicitud de grabar en su casa. La primera de las tantas contradicciones que caracterizarían el constante tire y afloje entre el dueño y su huésped.

Matt, el kelper que alojó a Aparo. Foto: cortesía Pablo Aparo Imagen: 3/5

-¿Tuviste miedo cuando fuiste a conocer a Matt?

Sí, bastante. Me acuerdo de que les mandé a mis productoras una foto de él todo ensangrentado diciendo algo de los argentinos y les pregunté: “¿Les parece que vaya a ver a este?” Y la respuesta fue: “No, no y no”. Pero al otro día ya estaba yendo…

Matt lo citó en un bar. Lo tuvo esperando allí unos 15 minutos mientras él hablaba con otros kelpers hasta que se le acercó y le preguntó: “¿Quién sos?, ¿qué querés hacer?”. Pablo le contó, y ese día ya estaba durmiendo en su granja, una estancia enorme en medio de las montañas (de las cuales Matt es dueño) repleta de animales. De esa convivencia nacerán los momentos más sustanciosos del documental.

Una de las secuencias de mayor tensión se da, justamente, cuando Matt y Pablo van al Salón de la Pradera del Ganso, el lugar en donde en mayo de 1982 el Ejército argentino tuvo encerrados a los kelpers -Matt y sus padres incluidos- durante varias semanas mientras se desarrollaba la guerra. Cuando los locales se dieron cuenta de que había un argentino, se empezaron a retirar y le dijeron que le iba a ir “muy mal”. Ese encontronazo hizo que hasta el día de hoy Matt tenga problemas con ellos por haberlo alojado.

-Una entrevistada dice que el pueblo está traumatizado por lo que pasó. ¿Lo notaste?

En la gente más grande que vivió la guerra, sí, y quizá en algunos jóvenes que tuvieron padres mucho más radicalizados. Siempre fui en las épocas en las que sucedió la guerra, y en esos momentos la gente está muy movilizada. Les trae recuerdos nuevos y hay muchos que tienen estrés postraumático. La guerra está visible ahí todo el tiempo, en todos lados, a cada rato.

El cementerio de Darwin. La mirada de Aparo. Foto: cortesía Pablo Aparo Imagen: 4/5

-Hay una parte que llama la atención: un hombre que estuvo encerrado en el Salón de la Pradera del Ganso dice que sabía lo que estaba pasando en la Argentina y por eso tenía miedo de ser uno más de los 30.000 desaparecidos.

No nos dimos cuenta de que esta gente también sufrió la dictadura y de que tenían miedo de ser desaparecidos. Fueron encerrados en un lugar como treinta días sin saber si los iban a matar o no, y ese miedo está fundado por algo que pasó acá. No es un cuento que se creyeron. Esas cosas nosotros no las conocíamos y eran claras, estaban ahí.

-¿Te sentiste incómodo como argentino?

Al principio, un poco, porque sabía que había lugares cerrados a los argentinos. Algunos me decían: “No digas que sos argentino porque te va a costar un montón más”. Y yo contestaba: “¿Cómo no voy a decir que soy argentino?”. Yo tengo que estar acá; la película es eso también. Me hicieron sentir incómodo cuando la gente me preguntaba: “¿Qué estás haciendo, qué estás filmando?”. Había gente que sentía que no estaba bien o que era una falta de respeto que yo estuviese ahí. Pero después, con el tiempo, la gente ya me conocía y había personas a las que le caía bien y otras a las que no. Ya estaba todo bastante más claro.

Al momento de hacer esta entrevista, ningún veterano argentino había visto Los vencedores. También hay lugar para ellos en la travesía. Más allá de una conmovedora escena en el Cementerio de Darwin, Aparo sostiene que los homenajea desde un lugar distinto, con los propios relatos de los kelpers.

“Me contaron cosas no podían creer. Cuando termina la guerra y está todo más tranquilo, abren unos galpones en el pueblo y encuentran un montón de comida y ropa de invierno nueva. Eran todas las donaciones que mandaba la gente de acá a los soldados argentinos. Ellos no entendían cómo los habían visto todos muertos de frío teniendo eso ahí. Son cosas que, de alguna manera, yo sentía que pasaban o que existían por haber leído, pero ellos te lo confirman con sus propios ojos. Es como ‘bueno, ok, esto pasó de verdad, no es una historia inventada’.”

También vio cartas que los soldados les mandaban a los propios kelpers pidiéndoles ayuda. Estaban escritas en un inglés muy primario, escritas a mano con la letra torcida por el frío con frases del estilo de: “Hello. Please. Chocolate”.

Mientras hacía la película, Pablo se preguntaba qué recepción tendría su investigación sobre los kelpers. Cómo lo tomarían los argentinos, qué le dirían los veteranos, si recibiría muchas críticas. Entonces se vio obligado a defender su argentinidad en cámara. Confronta a sus entrevistados en discusiones sin final. “Estoy abierto a que cualquier persona pueda odiar a la gente, me pueda odiar a mí, pueda preguntarse por qué darles este lugar (a los kelpers). Pero la película va por otro lado: para cuestionar y cuestionarnos cosas. Sí, darles voz es algo distinto y puede caerle mal a la gente acá y entiendo claramente por qué es, entiendo la estrategia argentina.”

Pablo almuerza con Matt y su pareja en casa del isleño. Foto: cortesía Pablo Aparo Imagen: 5/5

-¿Por qué es?

Si el Estado argentino le da entidad a los isleños, les da entidad a su reclamo de la autodeterminación de los pueblos. A la Argentina no le conviene que ellos tengan voz y voto en la cuestión de soberanía porque ellos van a decir “queremos ser isleños”. Por eso también siento que los relatos sobre las islas siempre fueron mostrarlas vacías, grises, inhóspitas, inalcanzables. Yo lo entiendo, a veces lo comparto, a veces no, pero no me hago el boludo con las cuestiones estratégicas o geopolíticas del Estado argentino.

Muchas veces le preguntaron si cuestionaba su propia argentinidad, y fue tajante: “Todo lo contrario. Nunca la cuestioné. Llevé con orgullo mi argentinidad estando allá, lo cual no es nada fácil. Lo que busca la peli es que se genere algún debate y que pueda abrir alguna cuestión más allá de las de hoy en día”.