Malvinas 44 años: recuperar y contener al camarada, el trabajo de la sanidad militar y los buques hospital

La experiencia de Malvinas demostró que la sanidad constituye un componente esencial del poder militar. El despliegue de los buques hospital, la organización de la cadena de evacuación sanitaria y el trabajo coordinado entre las tres Fuerzas permitieron sostener la atención médica de los combatientes durante toda la defensa

14 de junio de 2026 – https://www.argentina.gob.ar/

El anuncio de que Gran Bretaña enviaba una fuerza de tareas invasora para reconquistar nuestras Islas Malvinas, determinó que se evaluaran distintos planes para enfrentar la realidad de la guerra. Uno de ellos fue la necesidad de contar con unidades navales sanitarias, para poder tratar y evacuar heridos desde las islas hacia continente, dado que en Puerto Argentino y zona aledaña no existían instalaciones hospitalarias de gran escala.

El ARA “Bahía Paraíso”

A finales de abril se decidió utilizar al buque polar ARA “Bahía Paraíso” como Buque Hospital, ya que contaba con instalaciones adecuadas como quirófano y sala de internación, pensadas para sus despliegues en la Antártida. Además, la unidad contaba con alojamiento para gran cantidad de personal, y poseía hangar y cubierta de vuelo para dos helicópteros medianos, lo que facilitaría las tareas de traslado de heridos.

En diez días, ingenieros, técnicos y operarios del Arsenal Naval Puerto Belgrano, lo acondicionaron como hospital, y el 27 de abril dejó Puerto Belgrano con rumbo sur, exhibiendo una cruz roja a cada lado del hangar. Para la atención médica a bordo, se conformó el Departamento de Sanidad en Combate, que estuvo integrado por 17 médicos, 4 odontólogos, 2 bioquímicos y 60 suboficiales instrumentadores y enfermeros; complementando la nueva función de la unidad con el refuerzo de instrucción a la tripulación, mientras navegaban, para optimizar la eficiencia en la asistencia sanitaria.

Se agregaron camas y se conformaron dos salas de internación general de 125 camas cada una. A 10 camarotes se les colocaron 4 camas para internación, se establecieron dos centros de triage para recepción y clasificación de heridos, uno en cubierta principal y otro en el hangar. Reformulando la salita de internación que tenía el quirófano, se armó la sala de terapia intensiva. En total había 300 camas y cuatro quirófanos, uno de ellos de cirugía maxilofacial y oftalmológica. Complementariamente, se adecuaron locales a bordo para establecer laboratorios de análisis clínicos y hemoterapia; dos salas de rayos x totalmente equipadas; sala de yesos; un puesto de desintoxicación química; terapia intensiva con capacidad de 10 camas; depósito mortuorio y sala de quemados para 20 internados.

El Jefe del Centro Quirúrgico del Buque Hospital “Bahía Paraíso” fue el Teniente de Navío Médico Alberto Coleta, quien estuvo acompañado por dos veedores de la Cruz Roja Internacional. Un grupo logístico completaba el equipo de trabajo, y eran los encargados de reponer antibióticos, placas radiográficas y todos los insumos necesarios. Los bioquímicos hacían los análisis y mantenimiento de la sangre; en tanto que en el Departamento de Hemoterapia se inventó un sistema con soportes para que la sangre no se arruinara por el movimiento del buque y durara 30 días.

La primera misión del Bahía Paraíso fue participar en el rescate de los sobrevivientes del ARA “General Belgrano”, arribando a la zona el 4 de mayo y rescatando a 71 sobrevivientes y 17 fallecidos, además de recibir algunos heridos rescatados por los otros buques, empleando sus helicópteros para el traslado. Volvió a Ushuaia el 12 de mayo, donde fue completamente pintado de blanco para que sea más fácil de reconocer como buque hospital. Igual esquema de pintura recibieron los helicópteros Alouette III de la 1º Escuadrilla Aeronaval de Helicópteros, y el SA330 Puma del Batallón de Aviación de Combate 601 del Ejército Argentino que se embarcaron a bordo.

El 29 de mayo el buque partió hacia las islas y el 1º de junio entró a Puerto Argentino para evacuar heridos, además de embarcar a los tripulantes del buque mercante ELMA Río Carcarañá y del transporte ARA “Bahía Buen Suceso”. El día 3 de junio zarpó y el 4 se reunió con el buque hospital británico SS Uganda para recibir heridos argentinos, principalmente del combate de Pradera del Ganso, poniendo luego proa a Isla Borbón para evacuar al personal y, tras circunnavegar Gran Malvina, arribar a Bahía Fox y luego seguir a Puerto Howard, con rumbo directo a Punta Quilla, en Santa Cruz, donde algunos fueron desembarcados por helicóptero, empleando aeronaves de la empresa Helicópteros Marinos.

El 10 de junio volvió a encontrarse con el SS Uganda para otro trasbordo de heridos, y pasarle insumos y unidades de sangre al buque británico, que había agotado sus existencias, siguiendo luego Puerto Argentino, de donde zarpó el día 12, volviendo a encontrarse con el SS Uganda. Desde allí navegó hacia Isla Borbón, para asistir al personal militar que aún quedaba en la isla, fondeando el 13 y luego retornando a Punta Quilla. Desde allí zarparon ese mismo día a Malvinas, un día después del cese del fuego, entrando el día 16 al Estrecho de San Carlos y fondeando en la Bahía de Ruiz Puente, donde volvieron a reunirse con el Uganda, recibiendo otros 44 heridos. El 17 navegaron hacia Puerto Argentino, fondeando en la bahía Groussac y el 19 entrando a Puerto Argentino. Finalmente, puso proa al continente con 1800 hombres del Ejército, zarpando en la noche del 17, arribando el 20 a Punta Quilla tras una rápida navegación de 16 horas con el buque llevando en total más de 2000 personas a bordo. Luego de desembarcar a todo el personal, zarparon nuevamente hacia Puerto Argentino, donde arribaron el 22, embarcando al Batallón de Infantería de Marina Nº5 y personal de los Regimientos 12 y 25, totalizando 600 hombres. Ese mismo día zarparon y pusieron rumbo a la Base Naval Puerto Belgrano, donde llegaron el 24 de junio y, tras desembarcar el personal, el 25 salieron rumbo a Buenos Aires, llegando el 27 y culminando con la tarea sanitaria.

El ARA Almirante Irízar

La Armada Argentina entendió que el esfuerzo por brindar apoyo sanitario a las tropas debía ser el máximo posible, por lo que decidió modificar otras dos unidades: el rompehielos ARA “Almirante Irízar” y el buque oceanográfico ARA “Puerto Deseado”. El rompehielos ya tenía un importante hospital a bordo y gran cantidad de alojamiento, así como cubierta de vuelo y hangar para dos helicópteros medianos por lo que, entre el 1 y el 3 de junio, fue rápidamente modificado y pintado de blanco con cruces rojas en todos sus lados.

Poseía 260 camas de internación, dos salas de terapia intensiva, dos quirófanos con uno de ellos maxilofacial, una sala de terapia intermedia, dos salas de terapia general, laboratorio bioquímico, sala de radiología, sala de yesos, laboratorio de hemoterapia, sala de tratamientos hipebáricos y sala de quemados. El equipo médico, a cargo del Capitán de Corbeta Médico Roberto Sosa Amaya, lo conformaron 14 médicos, dos odontólogos, dos bioquímicos, un sacerdote y veintiún enfermeros.

Además, se prepararon dos helicópteros Sea King de la 2º Escuadrilla Aeronaval de Helicópteros, que embarcaron en el buque el 8 de junio desde Comodoro Rivadavia, junto a siete civiles voluntarias instrumentistas del Ejército, destinados inicialmente al Hospital Militar de Malvinas pero que, debido al curso de la guerra, cumplieron su misión en los quirófanos del Irízar.

El 13 de junio el rompehielos Irízar fondeó en Puerto Argentino, y un día después comenzaron a embarcar heridos, totalizando 165 evacuados el primer día. Para el 16 de junio habían recibido otros 85, y luego zarparon hacia Comodoro Rivadavia, arribando el día 17. Volvieron a Malvinas dos días después, encontrándose con el SS Uganda para recibir heridos, empleando un helicóptero Sea King para el traslado entre los buques, el 20 de junio. Finalmente, el día 25 el buque dejó Puerto Argentino y regresó al continente.

El ARA “Puerto Deseado” fue modificado para darle capacidad de 60 camas, y también fue pintado de blanco con cruces rojas, pero aún no estaba completamente terminado, para cuando llegó el final de la guerra.

A 44 años de la Guerra de Malvinas, la labor de la sanidad militar constituye un capítulo más, de todos los destacados al esfuerzo desplegado por las Fuerzas Armadas argentinas en defensa de su territorio. La presencia de los buques hospital, el funcionamiento del Hospital Militar de Puerto Argentino, la atención brindada en primera línea y las complejas aeroevacuaciones médicas, permitieron asistir a cientos de heridos, propios y ajenos, en condiciones extremas. Médicos, enfermeros, instrumentadores, camilleros, personal de apoyo y tripulaciones enteras, demostraron profesionalismo, compromiso y vocación de servicio, contribuyendo a preservar innumerables vidas en uno de los escenarios más exigentes de nuestra historia reciente. Cuidaron, a quienes lo dieron todo por nuestra tierra, dándolo todo también. Honor y gloria a los bravos, todos, héroes de Malvinas.