Picotazos de Historia
El ex marqués de Corpa fue desposeído de la dignidad a favor de su hijo primogénito, jamás volvería a poner sus pies en territorio español y se perderá en la oscuridad
19/08/2026 – https://www.eldebate.com/

Combate entre barcos españoles y británicos en la Guerra de Sucesión – Wikipedia
El archipiélago de las Malvinas es un conjunto de islas compuesto por dos principales y unas doscientas menores, situadas a unos quinientos kilómetros de la costa argentina, en el mar epicontinental de esa zona.
No se sabe a ciencia cierta cuándo fue descubierta. En 1523 las sitúa el mapa de Andrés de San Martín y Alonso de Camargo desembarcó en 1540 pero no se estableció en ellas ni pesquería ni población alguna. Las islas no tendrán asentamiento humano hasta la expedición del francés Louis Antoine de Bougainville en 1764, pero el conflicto por la pertenencia de estos desolados trozos de tierra empezó antes.
Inglaterra alegará, en su momento, que las islas fueron descubiertas por el explorador John Strong. Quien al mando del navío Welfare, de cuarenta cañones, bautizó estas islas con el nombre de Falkland en honor de la persona que financiaba su viaje: Anthony Cary, vizconde de Falkland.
Ahora vamos a situarnos en los años posteriores a la muerte del rey Carlos II de España. Este, no teniendo descendencia, legó todos sus reinos al nieto del rey Luis XIV de Francia, el duque de Anjou. En el testamento deja claro una exigencia del testador y deber del beneficiado: «Que se mantuviera la integridad de esos reinos que heredé de mi padre».
En el virreinato del Perú hace poco que ha fallecido don Luis Ibáñez de Segovia y Peralta, caballero del hábito de Santiago. Este caballero, veterano de los tercios españoles y que combatió contra el pirata Henry Morgan en Panamá, labró fortuna en esas provincias de ultramar y en 1683 pagó 60.000 pesos fuertes por el derecho de ostentar las dignidades de marques de Corpa y conde de Torreblanca.
Estas dignidades, como privilegio del primer titular y único poseedor de los títulos (sus descendientes los ostentarán en tiempo y forma, pero jamás serán propietarios), los repartirá entre sus hijos Mateo y Luis.
El mayor fue Mateo. No se sabe a ciencia cierta si nació en Cuzco o Lima y si lo hizo entre 1663 y 1666. Fue enviado a la península para formarse, adquiriendo un sólido conocimiento de humanidades que permitió a don Mateo traducir la obra de Quinto Curcio Rufo (siglo I d. C.) De la vida y acciones de Alejandro el Grande.
Además, contó con el apoyo, para introducirse en la corte, de un hermano de su padre –Gaspar Ibáñez de Segovia– quien había realizado un deslumbrante enlace al casarse con la hija y heredera del marqués de Mondejar.
Fue este tío suyo quien organizó su boda con una prima, Matea Ibáñez de Segovia, hija del señor de Pradenilla. La boda se celebró en la iglesia de San Sebastián de la villa y corte de Madrid, el 17 de enero de 1699.
Viajaron don Mateo y su esposa a Perú para hacerse cargo de su herencia, tras la muerte de su padre, y encontró que esta era mucho menor de lo que creía.
Además, debía de pagar el impuesto de media annata para la sucesión del título de marqués de Corpa. En esta situación se trasladó a la capitanía general de Chile en donde ejercía de gobernador general otro hermano de su padre: su tío Francisco Ibáñez de Peralta.
Mateo probó fortuna en el comercio con desigual fortuna. En 1707 su tío le envía a la corte de Madrid, donde está Felipe V, para que interceda para conseguir que se le alargue su mandato en la capitanía.
Será durante su estancia en Madrid –concretamente en 1710– cuando Felipe V tuvo que abandonar la villa y la capital fue ocupada por el pretendiente archiduque Carlos de Habsburgo.
El marqués de Corpa se descuelga de su obediencia a Felipe V y jura lealtad al pretendiente austriaco, lo que se traducirá en un disgusto para su tío Francisco, al que la deslealtad de su sobrino le costará el puesto.
El pretendiente utilizó a don Mateo para llevar a buen destino ciertos negocios y acuerdos en Italia. En 1711 presenta al archiduque un plan para crear un segundo frente en las tierras de ultramar para dividir los ejércitos de los Borbones.
El pretendiente da su autorización y le envía como representante a suyo a Londres. El marqués de Corpa expuso al almirantazgo y al gobierno inglés la debilidad de las costas de Chile, con respecto a las atlánticas, y propuso que se tomasen esas tierras «pues al conseguir esta se harían dueños de la navegación de esos mares y facilitaría la conquista de la Tierra Firme».
La idea entusiasmó a los ingleses, que empezaron a reunir tropas, navíos y bastimentos para tan gran operación. Si no se llegó a realizar no fue por falta de interés si no porque la guerra llegó a su fin. Se empezó a negociar la paz en 1713 y se concluyó con el Tratado de Utrech en 1713.
El proyecto del marqués de Corpa fue guardado en un cajón, pero nunca olvidado. Así, cuando los comerciantes británicos forzaron a la guerra contra España –nosotros la conocemos como la guerra de Asiento, ellos como la guerra de la oreja de Jerkins– se retomó y amplió la idea.
El almirantazgo decidió atacar a la España Americana por dos lugares: por el Caribe, donde el almirante Vernon acabaría partiéndose los dientes frente a Cartagena de Indias, y en el Pacifico, la expedición del almirante Anson capturaría a la Covadonga –el barco de Macao de ese año– y navegaría de vuelta hasta Inglaterra lo que pondría de relieve la debilidad en esa zona de la marina española y el rico comercio que había.
De vuelta en Londres, Anson expuso ante los lores del almirantazgo la necesidad de adquirir una base de suministros para el abastecimiento de los navíos que fueran a emprender el paso del cabo de Hornos o del estrecho de Magallanes. La base de suministros y aprovisionamiento debía de contar con un buen fondeadero, para poder proceder a las reparaciones necesarias. Y señaló a las islas Malvinas como una excelente base para tal fin.
¿Qué fue del causante de estos futuros problemas, el marqués de Corpa? Sus bienes y los de su esposa fueron embargados en 1711 por orden de Felipe V, al tiempo que su tío Francisco Ibáñez tuvo que dejar su puesto e iniciar un juicio de residencia que fiscalizara su actuación al mando de la administración. Había actuado con honradez, por lo que salió bien librado y reconocido por su buen hacer.
En 1715 se dictaminó sentencia contra Mateo Ibáñez de Segovia por la cual se confirmaba la perdida de todos sus bienes, propiedades, títulos y dignidades, pero con una salvedad a favor de su esposa: «Pues habiéndola dejado su marido en la orfandad y desamparo, de la que precisa obligación de mantener tres hijos de corta edad…, pues el delito del marido no debe perjudicar a la mujer donde no hay complicidad».
El ex marqués de Corpa, pues fue desposeído de la dignidad a favor de su hijo primogénito, jamás volvería a poner sus pies en territorio español y se perderá en la oscuridad. Se cree que falleció en alguna parte del territorio del imperio de los Habsburgo entre 1724 y 1733.