31 de agosto de 2026 – https://www.pagina12.com.ar/

Es sabido que Jorge Francisco Cholvis es, sin ninguna duda, el más competente y experto constitucionalista de nuestro país. Discípulo del gran jurista entrerriano que fue Arturo Sampay (Concordia,1911-La Plata,1977), Cholvis dedicó toda su vida aprecisar el concepto deSoberanía a partir de la clara conciencia que tenía su maestro, quien con toda justicia es hoy considerado Padre de laConstitución Nacional de 1949, que puede y debería ser llamada todavía hoy “la buena”.
Otro de los señalamientos fundamentales de aquel texto fue que ni la Constitución Nacional de 1853, ni la flamante de 1949, habían señaladocon claridad la extensión ni los límites del territorio nacional del naciente país. Por olvido o descuido, lo cierto es que esa imprecisión la paga aún hoy el pueblo argentino, que en general ignorala geografía completa, detallada y precisa del territorio nacional, contrariamente a comolo hacen casi todas las Constituciones Nacionales de países hermanos, como son los casos de la Constitución de la República Mexicana de 1917, la Bolivariana de Venezuela de 1999,o una de las más recientes: la de Ecuador, que es de 2008.
Pero lo que sí hizo la República Argentina en la Carta Magna de 1949 fue institucionalizar con precisión el concepto de soberanía, derivado de la conciencia que tenía Sampay, quien definió que los ríos interiores deben ser de “inalienable soberanía argentina”, subrayando así el derecho a la libre navegación, pero “condicionada a la decisión del Estado Argentino”
Lo cierto es que nuestros dos grandes constitucionalistas se encargaron –cada uno a su tiempo– de precisar el concepto de Soberanía a partir de la clara conciencia que tenía Sampay, y tiene Cholvis, quien aún hoy sigue dictando cátedra al respecto.
Como se sabe, la Constitución del 49 fue derogada en 1956 (luego de feroces bombardeos y cientos de civiles muertos) mediante un grotesco decreto militar que retrocedió todo casi 100 años al restablecer la Constitución de 1853. Lo que también explica cómo y por que la historia constitucional argentina está llena de contrasentidos.
Casi 40 años después de aquella anulación autoritaria fruto de un golpe de estado, la reforma del 94 emparchó la cuestión al establecer que “La Nación Argentina ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, y los espacios marítimos e insulares correspondientes, por ser parte integrante del territorio nacional”.
Un cuarto de siglo después, Cholvis sigue enseñando que tampoco ese objetivo se alcanzó porque “el invasor inglés –subraya– mantiene y agiganta su presencia en los espacios terrestres y marítimos que ocupa”. Y además se niega a entablar conversaciones sobre Soberanía y no respeta las resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Entre ellas, y fundamental, la resolución 2065 establecida por dicha asamblea hace más de 50 años.
De todo lo anterior es elemental inferir la poca conciencia y conocimiento que se evidencia hoyen la población argentina. Y aunque es obvio que sí se recuerdan la “Guerra de Malvinas” y la efímera recuperación en 1982, no hay ninguna claridad acerca de los reclamos de soberanía ni del verdadero estado colonial que algunos gobiernos argentinos aceptaron con poca o ninguna vergüenza.
Y es por todo eso que desde hace décadas sólo se consolidan los supuestos derechos de Inglaterra, no los nuestros.Y a estas cosas hay que decirlas aunque duelan, porque más allá del heroísmo de muchos de nuestros soldados, el retroceso posterior a la guerra del 82 fue muy grande.
Y eso se debe a que en general los gobiernos democráticos argentinos sí insistieron con los reclamos, y aprobaron algunas leyes para penalizar operaciones petroleras y el tráfico marítimo, pero Inglaterra jamás aceptó condición alguna. Ni las acepta ahora, y menos después de los infames retrocesos de lo que Cholvis llama “la línea capituladora”, o sea traidora, que encabezaron desde 1990 Carlos Menem y Mauricio Macri, con sus cancilleres Domingo Cavallo, Susana Malcorra y Jorge Faurie.
Y línea ahora continuada por la banda antinacional de los dizque “libertarios” que no libertan un corno. Y que igual que Inglaterra jamás aceptan condiciones y menos aún después de los infames retrocesos de lo que Cholvis llama “línea capituladora”, o sea, aquella que por lo menos desde 1990 flaqueó en casi todos los gobiernos, desde Menem y Macri hasta Milei.
Lo cierto es que Inglaterra se aseguró la exploración y explotación de todos los recursos, y encima con nosotros cooperando para que ellos desarrollen sus actividades en forma pacífica y sin mencionar jamás a la Soberanía como punto de negociación. Y omisión ésta que para nada es ligera, ya que según Cholvis generó la “inaceptable renuncia tácita del gobierno argentino no sólo a las Malvinas sino al completo reclamo soberano del Atlántico Sur”. Y reclamo que para colmo ahora y en vista del horrible estilo del gobierno, está en infame estado de capitulación porque con esta declaración este gobierno “entregó todo a Londres, a cambio de nada”.
Sampay concebía a las naciones como “estructuras colectivas vitales”, que a diferencia de las individuales, no están sometidas a decrepitud ni muerte biológica. Por eso Cholvis sostiene sistemáticamente, desde hace años, que en la urgente Nueva Constitución que alguna vez habrá de darse el Pueblo Argentino, la cuestión Malvinas deberá figurar desde el nuevo Preámbulo y en normas claras, absolutas y unívocas para ser cumplidas por todos los gobiernos futuros.
Mientras eso no suceda, barcos ingleses seguirán anclando en puertos argentinos como ocurrió este mes, y esta amada Patria nuestra no será un país libre, soberano, independiente y autónomo. Hacer conciencia de esto debiera ser mandato para las nuevas generaciones, de ahora y de siempre. Y mandato irrenunciable.