Malvinas 44 años: venciendo al invencible

Desde la llegada de la Fuerza de Tareas británica al Área de Operaciones Malvinas, a finales de abril, fue claro para las fuerzas de defensa argentinas, que el centro de gravedad del enemigo eran sus portaaviones, y que neutralizar al menos uno de ellos traería una gran ventaja. Así lo hicieron

30 de mayo de 2026 – https://www.argentina.gob.ar/

En virtud de lograr esa ventaja, se desplegó al portaaviones ARA “25 de Mayo” con su Grupo Aeronaval Embarcado, con el objetivo central de encontrar y atacar a los portaaviones HMS Hermes e Invincible. Tras la suspensión del ataque previsto para el 2 de mayo, se buscó atacarlos con las aeronaves basadas en tierra, tanto con los aviones de la Fuerza Aérea, como se planificó para el día 3, como con ataques mediante el sistema de armas Super Étendard de la Armada, operando desde Río Grande. El 4 de mayo el objetivo era alcanzar uno de los portaaviones, pero uno de los misiles pegó en el destructor HMS Sheffield, y el otro cayó al mar. Desde entonces, la flota británica empezó a operar mucho más lejos del continente, lo que generaba dos grandes problemas, por un lado la dificultad para conocer su posición exacta, y por otro la falta de alcance de los aviones.

La falta de capacidad de reabastecimiento en vuelo de los aviones Mirage y Dagger les impedía llegar hasta donde operaba la flota invasora, mientras que la disponibilidad de sólo dos Hércules reabastecedores limitaba la cantidad de aviones de ataque que se podían lanzar. El hundimiento del pesquero Narwal el 9 de mayo también complicó las tareas de inteligencia para conocer la posición exacta de los buques, además de la salida de servicio de los aviones Neptune de patrulla marítima. Para suplir estas falencias, se emplearon aviones Tracker y Bandeirulha de la Escuadrilla Aeronaval Antisubmarina, aunque eran más limitados que los Neptune para esta misión, por tener menos autonomía y su baja velocidad los volvía blancos fáciles para los Sea Harrier, por lo que tampoco podían acercarse demasiado a la zona de operación de los británicos.

En apoyo, los operadores del radar Westinghouse AN/TPS-43 de la Fuerza Aérea Argentina, desplegado en Puerto Argentino comenzaron a hacer un seguimiento de las rutas de aproximación y alejamiento de los Sea Harrier, en todas sus patrullas y ataques sobre las islas. Con la información de que los Sea Harrier estaban operando al límite de su alcance, sabían que los pilotos no podían hacer rutas largas que permitan engañar a los operadores argentinos, sino que debían volar directo desde y hacia los portaaviones. Esta información, permitió a nuestro país analizar y deducir la posición de los buques enemigos y sus movimientos.

Así las cosas, hubo un primer intento de ataque el 23 de mayo, lanzando dos Super Étendard de la 2º Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque de la Armada Argentina, que se aproximaron por el norte de las islas. Al no poder encontrar el blanco tuvieron que regresar. Un segundo intento tuvo lugar el 25, en que sí pudieron encontrar la formación y lanzaron sus dos misiles. Aunque los buques fueron alertados por la fragata HMS Ambuscade que detectó las emisiones radar de los aviones y los misiles, obligando a los buques a lanzar señuelos. Si bien los portaaviones lograron engañar a los misiles, estos se reasignaron con blanco en el casco del portacontenedores Atlantic Conveyor, al que hundieron.

Las fuerzas argentinas comprendieron que sus cálculos de las posiciones de los buques no eran errados y que podían hacer un esfuerzo final, con el último misil AM39 Exocet que les quedaba. Dado que las últimas dos misiones se habían aproximado por el norte de las islas, se decidió cambiar la ruta e ir por el sur, y luego lanzarse hacia la flota en un rumbo nor-nordeste, para tener el beneficio de la sorpresa. Además, enterada del plan previsto para ese 29 de mayo, la Fuerza Aérea solicitó participar con cuatro aviones Douglas A-4C Skyhawk del Grupo 4 de Caza, de manera que puedan causar mayor daño y ampliar las posibilidades del ataque.

La acción prevista estimaba que dos Super Étendard despegarían de la Base Aeronaval Río Grande, uno de ellos llevando el misil y el otro dando apoyo con su radar para la detección del blanco, además de los cuatro A-4C. Los seis aviones deberían reabastecerse al sur de las islas con los KC-130H Hércules de la Fuerza Aérea, para poder cubrir todo el trayecto de lo que sería la misión más larga de los aviones de ataque en la guerra. Luego de lanzar el Exocet, los cuatro Skyhawk seguirían su estela hasta el blanco y lanzarían tres bombas de 250 kilos cada uno. La posición de los buques se estimó a unos 300 kilómetros al este de Malvinas. Debido a la participación de la Fuerza Aérea, que necesitaba desplegar sus aviones desde Río Gallegos, se decidió retrasar la misión para el día 30.

Debido al alto nivel de riesgo de la misión, la Fuerza Aérea decidió que los pilotos de los A-4C que integrarían la escuadrilla Zonda, fueran voluntarios. Inmediatamente se ofrecieron los primeros tenientes José Vázquez y Ernesto Ureta, siendo sus numerales el 1º Teniente Omar Castillo, y el Alférez Gerardo Isaac, con el Teniente Paredi como reserva. Los Super Étendard con indicativo Ala, eran el 3-A-202 portando el Exocet y pilotado por el Capitán de Corbeta Alejandro Francisco, y el 3-A-205 con el Teniente de Navío Luis Collavino. Las unidades aeronavales despegaron en primer lugar, a las 12:30, y los aviones de Fuerza Aérea los hicieron cinco minutos después, volando en demanda de los reabastecedores, con los que hicieron contacto a 250 km al sur de Malvinas. Volaron junto a ellos cerca de 200 kilómetros, recibiendo combustible de forma alternada para llegar al punto de inicio del ataque con los tanques llenos. Desde allí pusieron rumbo a los buques, y 100 kilómetros más adelante iniciaron el descenso para aproximarse a una altura extremadamente baja.

El tiempo imperante en la zona era muy malo, con presencia de lluvia, viento y grandes olas que dificultaban el vuelo rasante. Los Super Étendard treparon, detectaron a los buques, y volvieron a bajar al ras del agua. Una vez estuvieron en zona de alcance, se elevaron para lanzar el Exocet, alrededor de las 14:30, iniciando el regreso al continente en vuelo directo y aterrizando una hora después. Los cuatro Skyhawk siguieron la estela de misil, que se fue alejando al ir más rápido que ellos. Un minuto después, los pilotos vieron el buque y unos 13 kilómetros antes de alcanzarlo un misil Sea Dart lanzado por el destructor HMS Exeter, destruyó el avión del 1º Teniente Vázquez, por lo que Ureta tomó el mando de la escuadrilla. Unos dos kilómetros antes del blanco, otro misil destruyó el avión del 1º Teniente Castillo. Ureta y el Alférez Isaac atacaron al buque que ambos identificaron como el portaaviones, que además despedía una intensa columna de humo. Le dispararon con sus cañones y luego treparon para pasar por sobre su cubierta de vuelo, donde lanzaron sus bombas.

Los dos aviones lograron escapar al fuego de los buques británicos escoltas, e iniciaron el regreso, reencontrándose antes de llegar a los reabastecedores que los esperaban nuevamente al sur de Malvinas. Desde allí regresaron a su base, con la tristeza de haber perdido a dos camaradas, pero a la vez la certeza de haber dado en el blanco y cumplido con la misión. A las 16:23 aterrizaron en Río Grande. Si bien Gran Bretaña negó que los aviones argentinos hayan alcanzado al portaaviones, los operadores del radar en Puerto Argentino notaron que posteriormente al ataque hubo una reducción considerable de patrullas de combate británicas.

Tras la comunicación de las Fuerzas Armadas argentinas el 30 de mayo, el 1º de junio el Secretario de Defensa inglés, John Nott, informó que los pilotos argentinos habían atacado, supuestamente, al Atlantic Conveyor, que se encontraba abandonado. En la misma comunicación afirmaron que un Skyhawk fue derribado durante el ataque. Lo que no tuvieron en cuenta, fue que el Atlantic Conveyor se había hundido dos días antes del ataque, por lo que la información resultaba falsa de toda falsedad. Para sumar a la desinformación, el 3 de junio comunicaron que los aviones habían atacado a la fragata Tipo 21 HMS Avenger, que navegaba junto al destructor HMS Exeter, y que el humo negro que vieron los pilotos era el normal de la propulsión del barco. La versión comunicada por el invasor, digna de la novela realista costumbrista de Jane Austen, indicaba que el Exocet fue destruido por el cañón de 4,5 pulgadas del buque, 45 segundos después de emitida la alerta de ataque aéreo, algo altamente dudoso, ya que esos cañones demostraron no ser efectivos en fuego antiaéreo contra aviones, mucho menos contra misiles.

A las 15:40 la BAM Malvinas informó al Comando de la Fuerza Aérea Sur que habían detectado “muchos helicópteros británicos sobre la flota, las patrullas aéreas de combate de Sea Harriers (CAP) están aterrizando en un punto diferente del que despegaron“. Por esta misión, Isaac y Ureta recibieron la Medalla al Heroico al Valor en Combate, máxima condecoración otorgada por la República Argentina.