Malvinas apunta a la merluza para recuperar el Loligo

28 de septiembre de 2026 – https://pescare.com.ar/

El cierre anticipado reavivó las propuestas de extracción de un depredador natural. Los derechos de acceso al calamar suman £14,4 millones anuales.

La administración de ocupación de las Islas Malvinas incorporó una mayor extracción de merluza entre las respuestas a la crisis del calamar Loligo (Doryteuthis gahi). La posibilidad de retirar parte de sus depredadores abre una discusión sobre el fundamento del manejo: qué evidencia permite esperar una recuperación del calamar y qué consecuencias tendría intervenir sobre esa relación alimentaria.

El director de Recursos Naturales, James Wilson, planteó la posibilidad de utilizar un pesquero entre temporadas para observar el ingreso de merluza al área del Loligo y eventualmente extraer un volumen importante. Según las declaraciones recogidas por MercoPress, el propio funcionario advirtió que retirar un depredador podía producir consecuencias indeseadas en el ecosistema.

La segunda temporada de 2026 comenzó el 26 de julio y terminó a las 23:59 del 26 de agosto, después de una suspensión y una breve reapertura. El aviso oficial fundamentó el cierre en el riesgo de una biomasa insuficiente y en la presencia de hembras maduras o en maduración en sectores de menor profundidad, compatible con un desplazamiento hacia áreas de desove. La campaña quedó interrumpida para resguardar la reproducción.

El peso económico del calamar

La diferencia económica entre ambas pesquerías está documentada. La normativa de derechos de acceso para 2026, publicada en Malvinas, establece los siguientes importes:

Las dos temporadas del Loligo suman £14.419.263, alrededor de 6,5 veces el importe correspondiente a la licencia A. La segunda temporada, por sí sola, representa aproximadamente 2,6 veces ese monto.

Son derechos establecidos para el conjunto de cada pesquería, distribuidos entre las empresas según su participación en las cuotas. Su valor permite dimensionar el interés fiscal comprometido; la recaudación efectiva y cualquier compensación por el cierre requieren una comprobación adicional.

El expediente oficial utilizado para definir esas tasas ya reconocía la incertidumbre sobre el desempeño del Loligo, después de las dificultades de 2023, la ausencia de segunda temporada en 2024 y los períodos reducidos de pesca en 2025. También describía la pesquería de peces como menos rentable y señalaba dificultades para construir información económica robusta sobre sus empresas. La fragilidad del negocio y las limitaciones de información precedían a la campaña de 2026.

Una mejora operativa exige una evaluación ecológica

MercoPress informó que durante la temporada se elevó del 10% al 50% el límite de captura incidental de merluza. John Barton, representante del Loligo Producers Group, valoró la modificación por sus efectos sobre las operaciones y planteó medidas adicionales durante el período de cierre para proteger al calamar.

Las condiciones generales publicadas para las licencias C y X establecen un 10% diario agregado para determinadas especies acompañantes, entre ellas las merluzas. Superarlo implica cerrar durante cinco días la cuadrícula correspondiente al buque involucrado. Una ampliación de la tolerancia modifica, por tanto, las restricciones que enfrenta la flota cuando encuentra peces junto al calamar.

La cámara empresaria FIFCA confirmó ante el comité pesquero que las medidas sobre merluza habían sido revisadas y las consideró efectivas en las circunstancias de la temporada. Esa valoración empresarial deja pendiente la demostración del beneficio biológico para el Loligo.

La relación alimentaria tiene respaldo científico. Un estudio publicado en Fisheries Research en 2010, basado en muestras recolectadas principalmente entre 1999 y 2003, identificó a la merluza común, Merluccius hubbsi, como un consumidor importante de Loligo durante el invierno. El trabajo examinó peces de distintas especies y mostró que el calamar integra una red de alimentación más amplia. Su alcance acredita la depredación; evaluar una intervención en 2026 exige información actual sobre su intensidad y sus efectos poblacionales.

La administración también debe responder por la presión que ejerce la propia flota. Wilson reconoció que, aun manteniéndose el número de embarcaciones, aumentaron su tamaño y potencia y cambiaron las redes y las horas de pesca. Ese reconocimiento obliga a incorporar la capacidad efectiva de captura en cualquier explicación sobre el deterioro del Loligo.

Para 2027, el documento técnico de Andreas Winter propone elevar la referencia de captura de merluza de 59.200,6 a 63.920,6 toneladas y las unidades de esfuerzo de la licencia A de 22,83 a 24,40. El cálculo utiliza la tendencia de las campañas de julio. Se trata de una propuesta para discusión; su fundamento es la evaluación de merluza y su contenido carece de una demostración de cuánto calamar adicional produciría esa extracción.

El punto más exigente para la administración está allí: vincular una mayor mortalidad pesquera de merluza con una recuperación medible del Loligo requiere probar esa relación y establecer límites de intervención. El valor de los derechos de acceso explica la magnitud del interés económico. La justificación ecológica debe demostrar qué biomasa de merluza se pretende conservar, qué respuesta se espera del calamar y bajo qué resultados se revisaría la medida.